dilluns, 16 d’abril de 2012

MANUAL DE CÓMO SE DEBE COMER LA PAELLA.Instruccions per si teniu convidats forasters.

MANUAL DE CÓMO SE DEBE COMER LA PAELLA.

Si come directamente de la Paella, Vd. debe saber:
La paella es como una caja de quesitos en porciones.
Los jugadores están distribuidos alrededor de la paella de forma equidistante. A cada jugador le corresponde sólo el quesito que tiene delante de sus narices.
El cubierto oficial del juego es la cuchara de metal o –preferentemente- de madera.
Si el jugador quiere exprimir limón en su área, deberá tener autorización verbal de sus dos vecinos, a los que procurará no salpicar.
El juego comienza cuando el macho alfa de la manada dice: "Vinga que es gela l'arròs!" (Tr.: ¡Empezad, por favor!)
Si la paella está buena, el elogio al cocinero se hará de forma intermitente (cada dos cucharadas) durante toda la comida.
Los tropezones que hay en cada sector son propiedad del jugador titular de ese espacio. Si algún elemento integrado en su zona no es del gusto del jugador lo depositará delicadamente en el centro de la paella para que lo disfrute otro jugador.
Cuando las piezas de carne salen de la paella no pueden volver, ni por partes, ni en los huesos.
Si alguien invade el espacio de otro jugador sin permiso, será amonestado, a la segunda oirá aquello de "Tu eres un poc fill de puta" (Tr.: Eres un poco malandrín) y tendrá que pagar los carajillos de todos los jugadores.
Se entiende que un jugador abandona cuando apoya la cuchara en el borde del caldero y dice "Estic fart, ja no puc més, vaig a rebentar!" (Tr.: Voy a dejarlo, que no quiero excederme.) En ese momento su zona queda franca y puede ser ocupada.
Las albondiguillas actúan como los comodines de cualquier juego. Cuando un jugador descubre una en su territorio, puede subastarla mediante la fórmula ritual: “Algú vol una mandonguilla?”-también puede decir “pilota”- (Tr.: ¿Quién quiere cambiar este comodín por un muslito de conejo?)
Queda terminantemente prohibido girar la paella para acceder a otro punto donde aún queda arroz.
Si la paella baila, alguien deberá cogerla del asa para estabilizarla.
El jugador que se ocupe de este cometido recibirá elogios del resto, que se emplearán a fondo para mantener siempre llena la copa del esforzado estabilizador durante toda la comida.
Cuando se toca hierro con la cuchara, en las postrimerías del juego, los valencianos se enfrentan al "Socarrat": es un momento glorioso donde el nerviosismo cunde. El frenesí es tal que aquello se parece a una prospección petrolífera. Los que no participan en el festín deben relajarse y esperar el postre sin comentar la actividad ajena ni opinar sobre los variados métodos que suelen usar los jugadores.
La partida acaba cuando los jugadores se retiran o ya no queda nada por rascar en el caldero, señal indiscutible de que estaba buena o había mucha hambre.